Primeras reflexiones de una temporada especial

Primeras reflexiones de una temporada especial


Recién clasificado para el Campeonato del Mundo de Ironman (Kona 2019) en agosto del año pasado en el Ironman de Vichy Francia (3º GGEE 40-44), no me había dado tiempo a asimilar el hecho de haber conseguido realizar un sueño de manera totalmente inesperada, que ya tuve que empezar a tomar decisiones para afrontar una temporada que cuanto menos iba a ser retadora para mí en lo deportivo, en lo laboral y por supuesto en lo familiar.

A finales de septiembre nos sentamos con mi entrenadora Ivet Farriols para planificar los grandes hitos de la temporada 2019. En aquel momento ya estaba inscrito al Challenge Roth, y por supuesto tenía intención de volver a repetir en Ironcat. Era el año de mi debut con el recién inaugurado equipo de triatlón T3 Team y no quería fallar en el Campeonato de Cataluña de Larga Distancia. Así que tener que meter un tercer Ironman en la ecuación no iba a ser una tarea fácil. Primero porque desde un punto de vista físico iba a suponer un desgaste importante dado el nivel al que me gusta competir, segundo porque desde un punto de vista económico iba a suponer una inversión significativa (sobre todo por el coste que supone ir a competir a Kona, Hawái) y tercero porque desde un punto de vista familiar y laboral no iba a ser fácil poder gestionarlo y manejarlo a nivel logístico, etc.

La primera idea fue renunciar a Roth, pero Ivet me conoce y sabe que nunca me gusta darle la espalda a los retos. Así que sin que yo le dijera nada, ella ya planteó un planificación macro para dar cabida a los 3 Ironmans (Ironcat en mayo, Roth en julio y Kona en octubre). Cada uno con un objetivo diferente y sobre todo con el foco puesto en el Campeonato del Mundo para no llegar ni lesionado, ni quemado y poder disfrutar de la experiencia. Así que esa fue la primera decisión que tomamos.

La segunda la tomé yo a nivel particular. Llevaba dos años compitiendo con una cabra de segunda mano que le compré a mi amigo Carlos. Tenía cambio mecánico y me apetecía cambiar a cambio electrónico. Nunca le había dado importancia a los componentes de la bicicleta porque soy de los románticos que siguen pensando que las piernas de uno son las que acaban marcando la diferencia. Pero desde que empecé a entrenar y competir con potenciómetro la temporada pasada dirigido obviamente por Ivet y me puse en manos de Oriol Palau de BioBikeFit para mejorar la aerodinámica y posición en la bicicleta, ya me di cuenta que la tecnología no te regala nada, pero sí que te ayuda y mucho. Además no soy la persona más habilidosa encima de las dos ruedas y es por eso que ya que me planteaba el cambio, introducir los frenos de disco (ya estaba acostumbrado a llevarlos en la BTT) era algo que también me tentaba. Así que no me lo pensé mucho (si lo piensas no lo haces) y me embarqué en la compra de la nueva máquina.

Entre que miras y no miras, te decides y no te decides, vendes la cabra antigua, etc. se nos echó el tiempo encima. Y es que la cabra nueva me llegó apenas un mes antes del primer Ironman de la temporada (Ironcat). Fue recogerla de la tienda y llamar a Oriol. Me planté en su estudio, al que acababa de incorporar la tecnología Retül y nos pusimos manos a la obra. Parece ser que no tengo una talla estándar pues cada vez que me compro un traje y/o pantalones siempre tengo que gastar un extra en el sastre y con la bicicleta no iba a ser menos. Así que lo que tenía que ser un simple estudio biomecánico se convirtió en toda una operación de cirugía. Oriol tuvo que cortar parte del carbono de la tija y acoples, regular toda la posición del sillín, apoyabrazos, etc. Todo con un objetivo: clavar los ángulos de la posición más aerodinámica y cómoda posible completamente adaptada a mis características anatómicas (parece mentira que hasta la flexibilidad tiene su influencia). Recuerdo que fueron casi tres horas largas e intensas de trabajo y explicaciones, pero el resultado no pudo ser mejor. Y es que ya desde los primeros kilómetros, afinando mi preparación para Ironcat con las últimas series a ritmos altos (no las de Netflix, las de verdad), tuve muy buenas sensaciones sobre todo en cuanto a manejo y comodidad.

Y es así como me planté en la línea de salida del primer Ironman de la temporada, recién recuperado de una rotura en el gemelo que sufrí justo antes de la Maratón de Barcelona en marzo y con una nueva máquina que estrenar.

Antes de salir en Ironcat (Fotografía: Enrique Palau)

Las previsiones de viento que daban para el día de la carrera no eran muy esperanzadoras, de hecho hubo conato por parte de la organización de prohibir las ruedas lenticulares como medida de precaución ante las fuertes rachas de viento que se esperaban. En mi caso, decidí salir con un perfil 60 delante y 90 detrás.

Salí del agua en un tiempo muy bueno para mí (1h 1min) y eso me dio muchos ánimos para afrontar el sector de bici. El único punto negativo fue que mis manos congeladas de frío no eran capaces de reaccionar en la T1 para poder manejar los cierres de boa de mis zapatillas. Eso me hizo perder un valioso tiempo en la transición pero no me afectó a la concentración.

En una de las vueltas en Ironcat (Fotografía: Enrique Palau)

Empecé la primera vuelta y ya me di cuenta que aquel podía ser un gran día. Me encontré muy fuerte y los vatios marcados por Ivet iban saliendo según lo previsto. Al ser un circuito completamente plano es muy fácil controlarlo si eres constante y llevas el ritmo que toca desde inicio. A pesar de que en algún momento se me pasó por la cabeza el apretarme un punto más, no quise arriesgarme pensando en que un posible cambio de dirección del viento a lo largo de las vueltas pudiera acabar endureciendo aún más la prueba y sobre todo en la carrera a pie. Y es que era una gran incógnita para mi saber cómo iba a responder el gemelo y mi cuerpo en general después de no haber podido entrenar el volumen requerido.

Corriendo por l’Ampolla en el Ironcat (Fotografía: Enrique Palau)

Pasaron las 6 vueltas al circuito con la sensación de haber hecho lo correcto en cuanto a ritmo, nutrición e hidratación. Así que me bajé de la bici y empecé a correr tras una T2 bastante buena. La primera vuelta la corrí a muy buen ritmo, quizás un poco más rápido de lo planificado, pero eso me dio ánimos para creer que podía correr rápido de una manera sostenida. Y así fue, fui controlando ritmo vuelta a vuelta aunque como es lógico a partir del km 26 aproximadamente el ritmo por km bajó unos 15 segundos. No obstante, aguanté bien la posición y finalmente crucé la meta el octavo, haciendo mejor marca personal – 9h 13 min4º del Campeonato de Cataluña de LD y 2º Veterano. Además quedamos 2º por equipos masculinos con el T3 Team, lo cual me hizo especialmente ilusión.

Entrando en la meta de Ironcat (Fotografía: Enrique Palau)

Ha sido un principio de temporada prometedor, que me anima a continuar de una manera sólida el camino hacia KONA. Próxima parada, Challenge Roth (2º Ironman) en el que intentaré competir a un nivel similar al de Ironcat y que aprovecharé para probar nuevo material como el neopreno y unas zapatillas de ciclismo con cierre de velcro (a ver si así optimizo la T1).

Espero después de Roth poder contar nuevas reflexiones. En cualquier caso, los que me conocen saben que siempre me mueve la misma filosofía: ¡NEVER GIVE UP & ANYTHING IS POSSIBLE!!




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