Las bielas I: ¿Cómo afecta la longitud de las bielas en la biomecánica ciclista?

Las bielas I: ¿Cómo afecta la longitud de las bielas en la biomecánica ciclista?


Uno de los momentos clave durante un estudio biomecánico se desarrolla durante la segunda mitad del mismo cuando realizamos las modificaciones de los componentes de la bicicleta: la altura y el avance del sillín, la longitud de la potencia, la altura y la rotación del manillar, entre otros ajustes. No es raro pues, que para terminar de certificar un buen estudio biomecánico, hayamos de cambiar alguno de los componentes de la bicicleta para conseguir una óptima posición, ya que la mayoría de los componentes no son modificables en cuanto a las medidas de los mismos (longitud de potencia y bielas, anchura del sillín y manillar, etc.) a menos que no adquiramos uno de diferente. Uno de los componentes que suele afectar directamente en la biomecánica del pedaleo son las bielas.

Este componente, que consta de dos piezas, una por cada plano lateral de la bicicleta, queda sujeto a esta a través de la caja del pedalier por un extremo y en el otro, es donde se instala el pedal. Por este motivo, la longitud de las bielas, son directamente responsables de la disposición del pie respecto algunas partes del cuerpo del ciclista y en consecuencia, afecta a diversas mediciones y conceptos que analizamos durante nuestros estudios biomecánicos. Veamos algunos detalles de cuatro de estos conceptos:

  • KOPS: Esta palabra es un acrónimo inglés (Knee Over Pedal Spindle) que de manera común, aquí, la llamamos plomada. Con la biela en paralelo al suelo y mirando hacia delante y partiendo del eje del pedal, trazamos una línea vertical hasta cruzar la tuberosidad tibial anterior (TTA) de la pierna en cuestión. Cuanto más largas sean las bielas, más adelantado tendremos el eje del pedal, por lo que más adelantado tendremos el pie y la relación entre eje del pedal y TTA va a variar.
  • BMR: Este concepto viene a definir la repartición de los pesos respecto el centro de la bicicleta. Según el tipo de bicicleta y su geometría, el punto de referencia de la bicicleta es el eje del pedalier o el eje del pedal. En este segundo caso, volveremos a trazar una línea vertical hasta cruzarnos con el torso del ciclista. Dependiendo de la experiencia y las preferencias del deportista y del uso que éste le dé a la bicicleta, el cuerpo del mismo quedará más o menos adelantado respecto la línea trazada.
  • Flexión máxima y mínima de la rodilla: Si nos imaginamos la biela como si fuera un compás donde el eje del pedalier es el punto de apoyo y el eje del pedal es el carbón que dibuja encima de un papel en blanco, podremos observar que la circunferencia que el carbón traza cuando éste da una vuelta entera, es más grande (diámetro mayor) cuanto más larga es la biela. Bien, si este concepto lo tenemos claro, imaginemos que en lugar de una punta de carbón tenemos un pedal y a un ciclista pedaleando encima del él: cuanto más larga sea la biela, más recorrido realizará nuestra rodilla siendo más extremados los mínimos y máximos. Es decir, a modo de ejemplo y sentados en nuestro sillín, si equipamos nuestra bicicleta con una biela de 170mm y las mediciones de flexión máxima de rodilla nos dan 70º y la mínima 145º, en caso que equipemos la bicicleta con unas bielas de 175mm (más largas), estos números serán más alejados entre ellos 68º/147º y si la equipamos con unas de 165mm (más cortas) se acercarán, siendo 72º/143º.
  • Flexión dorsal y plantar: Para que queden claros estos términos, el movimiento que nos lleva a la flexión dorsal del pie es el que deberíamos hacer si quisiéramos tocarnos la tibia con la punta de los pies (talón hacia abajo). La flexión plantar, es justo el movimiento contrario. Dicho esto e igual que hemos visto en el punto anterior, la disposición del pedal en las diferentes longitudes de la biela que encontramos en el mercado, hace que la angulación del tobillo quede modificada cuando éste esté en flexión dorsal o plantar, provocando mayor apertura del ángulo cuanto más larga sea la biela.

CONCLUSIONES FINALES

En general, los ciclistas, tenemos diferentes motivos para cambiar nuestras bielas más allá del ajuste óptimo de la bicicleta: aumento o disminución de la cadencia y/o potencia de pedaleo, menor peso de las bielas, mejor aerodinámica o simplemente por estética. Sea por el motivo que sea, hemos visto en este artículo, que un simple cambio de bielas afecta directamente en la disposición de nuestras extremidades en las diferentes fases del pedaleo y en consecuencia, en la posición que adopta nuestro cuerpo en relación con la bicicleta. Es por ello que, aunque la elección de la longitud de las bielas responda a menudo por los motivos de rendimiento y/o estéticos anteriormente mencionados, recomendamos que antes de dar el paso, consultemos la opinión al biomecánico de confianza y realicemos un nuevo ajuste biomecánico de la bicicleta después de la adquisición e instalación de las mismas.

En una segunda entrega, hablaremos de los motivos de rendimiento por los que vale la pena (o no) cambiarse las bielas. ¡ESTAD ATENT@S!




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